Mi padre siempre ha sido un superhéroe.

Por la cariñosa manera de describir a su padre, hoy comparto con vosotros un prólogo escrito por Daniel Rovira en un libro que me pareció muy ingenioso y entretenido…
Súperpapi

 “Padre nuestro que estás en el sofá” con un montón de anécdotas divertidas en la que seguro te reconoces. Los geniales autores son La parroquia de “El Monaguillo”

Prólogo de “Padre nuestro que estás en el sofá” por Daniel Rovira

Yo no sé el tuyo, pero mi padre siempre ha sido un superhéroe. Siempre ha tenido poderes. Pero no como los que se le otorgan a un notario o a un cura, no. Poderes de los de Paranormalandia, el planeta de donde estoy convencido de que viene. Y los tengo todos registrados para que, el día de mañana, ni Steven Spielberg ni Peter Jackson se aprovechen y tengan un supertaquillazo de esos que se basan en hechos reales. Relataré alguno de ellos para que conste en el prólogo y, por qué no, para presumir un poco de su «extraterristrismo».

Mi padre lo sabía todo, absolutamente todo. Y cuanto más pequeño era yo, mayor era su sabiduría. Siempre ha respondido a cuestiones dignas de grandes filósofos:

—¿Por qué la abuela tiene tantos años?
—Porque se le ha olvidado morirse.

Y de grandes científicos como:

—¿El agua flota?
—La que se queda arriba, sí.

O como:

—¿Para qué sirve el dedo gordo del pie?
—Para saber dónde está la pata de la cama.

Y así un sinfín de preguntas-respuestas de las cuales no desvelaré más porque eso es un legado que me quedo para mí.

Mi padre tenía el poder de dejarme durmiendo en casa de mis tíos y, cuando me despertaba, estar en mi propia cama. Imagínate, ¡me teletransportaba en sueños! Por no hablar de la capacidad de conducir horas y horas con su familia sin tener nunca un roce, ni dormirse, ni tenerle miedo a la lluvia ni al sol, ese puñetero que se te pone justo delante al caer la tarde y no te deja ver nada.

Siempre ha tenido una fuerza inusitada. Me consta que abría los botes de conserva sin usar trapos, ni golpecitos en la encimera ni truquitos baratos de blandengues.

Mi padre estaba conectado paranormalmente con mis hermanos y conmigo cuando nos castigaba. Siempre le dolía más que a nosotros.

Siempre ha hablado dos idiomas: el castellano y uno que solo entendían él y sus amigachos del pueblo —Almargen, para más señas—. Y con sonidos guturales eran capaces de tener largas conversaciones y comprenderse.

Mi padre siempre es muy querido por todo el mundo. Ha tenido el gran poder de que nadie le odiara. Ni los del Barça ni los del Madrid, ni los cuñaos ni los compañeros de trabajo.

Mi madre siempre se ha creído que es una reina porque mi padre tenía el poder de tratarla como tal.

Mi padre siempre ha hecho reír a todos. Sin ser él de este planeta ha tenido el superpoder de contar los chistes más graciosos, de catalanes, de leperos o de vascos.

Mi padre tenía un convenio con Papá Noel, los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez y conseguía que vinieran todos a casa a dejar regalos, aunque fuéramos cuatro hermanos.

Nadie como él ha cogido espárragos en el monte. Y me consta porque todos los domingos íbamos juntos y lo veía de lejos, y siempre cogía un ramillete enorme que, al final, se convertía en dos para que yo contara que también había cogido muchos.

Mi padre es capaz de terminar una conversación con gente pesada —testigos de Jehová, Círculo de Lectores, teleoperadores…— con la mejor frase y no despeinarse:

—Me zúa un pepino.

Mi padre tiene el poder de decir «Harry Popper» y «Clin Isba» o de contestar «denekiu» cuando un guiri le dice thank you y quedarse tan ancho.

Pero igual que la kriptonita es el punto débil de Superman, mi padre también tiene el suyo: el tiempo. Y es que conforme pasan los años, sus poderes van mermando. Ahora me da la sensación de que no lo sabe todo, de que le entra sueñecito cuando conduce y, a veces, hasta me da el bote de conserva para que lo abra yo. Y es que lleva mucho tiempo fuera de su planeta y supongo que la batería empieza a fallarle un poco.

Pero siento que esos poderes me los está transmitiendo a mí y a mis hermanos, y los tendremos por completo el día que vuelva a su planeta.

Pero aún conserva muchos. Se vuelve poderoso y brilla cuando pasa ratitos con sus nietos o cuando viajo con él y conoce nuevos lugares por primera vez. Tiene el poder de hacer como que no sabe cómo hacer las cosas para que se las explique yo. Porque me está poniendo a prueba. Quiere que, de mayor, sea lo que él siempre ha sido… Un superhéroe.
Por DANI ROVIRA

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