La moderna de pueblo y otros mitos

Es viernes y estás tumbado en el sofá, miras hacia el exterior y las gotas de lluvia golpean con fuerza el cristal de la ventana, has decidido quedarte en casa. El plan para esta noche, no mucho más que un capuccino vertido en tu gran tazón, quizá coronado con una espiral de nata y una espolvoreada de azúcar negro. Así tras el primer sorbo enciendes la televisión, no porque te apetezca, sino porque algo hay que hacer. Una mujer de sonrisa leve aparece en pantalla, los pliegues de la edad ya se dejan ver sobre su cara, pero son pliegues felices, la mujer está radiante. A su derecha permanece sentado un hombre, inclinado sobre su bastón, y ambos se cogen de la mano. Están en el cobertizo de una casa de campo y no parecen necesitar nada más que a ellos mismos.

Y entre la incredulidad y el afecto, piensas que una historia así no podría ocurrir jamás, que la vida siempre se tuerce, y es que es imposible, sólo una película, y encima de las malas. Pero una parte de ti, la parte de ti que aún sigue creyendo, cierra los ojos y sueña con la posibilidad. Porque sabe que, a veces, los sueños se cumplen.

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Un súper álbum para un súper padre

A veces las historias más convencionales son las más extraordinarias

¡Y lo bien que queda un Inkee con fondo verde! ^^

Nos ven crecer, nos ayudan, nos aguantan y, reconozcámoslo, ¡mira que debe de ser difícil! Todos somos hijos y, normalmente, no nos paramos a pensar lo difícil que es ser padre hasta que no lo vivimos en nuestra propia carne.

Miles de decisiones son aquellas que toma un cabeza de familia a lo largo de su vida y si no ¡qué se lo digan a Peter Griffin!

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De Twitter al corazón de Madrid

Se suele hablar mucho del poder que tiene Internet para unir a las personas, y, aunque habitualmente se vea como algo frío e incompleto, a veces consigue cosas que antes eran impensables. Pero no hablamos de las fotos de famosetes comiendo pizza en la gala de los Oscar ni del último despliegue de inocencia de Miley Cyrus.

Hace unas semanas nos llegó la historia de Sandra, una chica de Orihuela, para los que no lo conozcáis, es un pueblo alicantino perdido entre una inmensidad de iglesias y naranjos. Sandra había encargado un inkee para su novio Alberto, madrileño a tiempo completo. Lo curioso es que se conocieron por twitter, algo que es más habitual de lo que parece.

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